Soto Voce

8.1.2017

 

“SOTO VOCE” (Crónicas de Sant Ramón)

 

Apreciados Coristas,  para todos los que no asististeis al concierto os pondré al día de lo acaecido y de las novedades en nuestro grupo, ya que el tema viene ligado.

 

Así como se funden unos hielos en un whisky “on the rocks”, nuestro grupo de Sant Sever,  ha cambiado de sede social y ha pasado a formar parte de la Parroquía de Sant Ramón de Penyafort. Y tan pronto sabemos que vamos a ser Los Ramones, nos cae un concierto sin apenas tiempo para ensayarlo.

 

Ayer, tras un día de ensayo y un ensayo general, aconteció el susodicho concierto.  Ya nos apostamos que canciones se sacaría de la manga el dire, y  dimos en el pleno. Tras un ensayo de dos horas y las consignas, “pasarlo bien”, “escucharos entre vosotros” y “que no esté gritado”, salimos al ruedo, en la nueva Iglesia, que por cierto es la mar de chula.

 

El público según lo que se comentó entre nosotros, no estaba muy animado, se supone que venía de misa, en dónde una cantante los dejó medio adormilados. Pero he asistido a algunos conciertos en dónde el público estaba no adormilado, sino muerto directamente, por lo que el que nos tocó ayer, para mi fue la alegría de la huerta.

 

Desde la entrada se veía un “escenario” bastante grande, pero al entrar y colocarnos, me vi en la sorpresa de que no se aprovecharon los escalones, que hubieran sido mano de santo para estar más anchitos, ya que no sólo éramos los del grupo de Sant Sever, sino que también venían a echarnos un cable, el coro de Poble Nou.  Muchas Gracias Poble Nou por ello, ya que en estas fechas medio grupo estaba de picos pardos o con un catarro del quince.

 

Tres micros, uno a la izquierda que se mantuvo solitario durante toda la noche, uno en el centro, y uno a la derecha en un púlpito enorme, que nos comía bastante espacio. 

 

Salimos, yo como siempre con nervios en el estómago y sintiendo esa voz en la cabeza para ser comedida. La consigna de “No gritar”, se hizo realidad, y creo que por primera vez fue un concierto donde todos nos hicimos conscientes de ello. Del pequeño concierto que iba a ser, se convirtió en un concierto de duración normal, pero lo disfruté con gran intensidad y creo que el resto lo vivió de la misma manera.  Según algunas personas del público el coro estuvo de lo mejorcito que se ha oído, y fueron los solistas los que  no brillaron tanto.  Por otro lado se comenta que estuvo todo bastante bien. Yo por mi parte y como parte de los solistas, vi algunos fallos estructurales, pero se defendió bastante bien.

 

Me sentía como en el examen de conducir. ¿Cómo podemos dar un espacio al disfrute, mientras no dejamos de controlar al dire, a nuestra voz, a escuchar la cuerda, al coro… aggggg¡¡?  Pues sí, no sé cómo, pero el disfrute estaba conmigo, la belleza de lo que sonaba embargaba el alma, y a cada canción el alma se enaltecía más y más.  Desde el coro se escuchaba de coña, y tal y como pasa mientras conduces que estás pendiente de todo, también da tiempo para pensar ¿Cómo lo estará escuchando el público?, ¿Cómo se oirá desde fuera?.. ¿Habrá buena acústica? ¿Oirán los del fondo?.. pero son pensamientos que vienen y van y apenas los ves, que ya están saliendo de la mente, para seguir disfrutando de lo que estoy escuchando.

 

Y encima aparte de todos esos controles y preguntas, tenemos tiempo para expresar, para expandir nuestra alegría, para transmitir. El hecho de que no tuviéramos que seguir una coreografía y que nos dieran alas para movernos como el corazón nos dirigiese, fue vital para mí.  El coro, no tengo ni idea de cómo se movía, pero yo lo sentía todo armonizado, como una coreografía que sale del alma, todo conjuntado. Tal vez mi percepción estaba en los mundos de los unicornios rosas, y todo lo veía del mismo color, pero si el resto de coro, lo sentía como yo, estaría flipando.

 

Vi caras de almorrana, vi caras de deleite, y vi caras de que  la cosa estaba yendo bien, y eso te da más seguridad y la seguridad te da más disfrute. Joan en su línea, improvisando cosas, y nosotros a seguirlo de la mejor manera. Y tras el concierto ya en privado nos marcamos un “All the Saints”, que nos quedó bordao, fue tan espontáneo, que me hizo recordar la serie de “Fame”, que en cuanto sonaba la música se ponían a bailotear y todo quedada perfecto, pues nosotros igual, quedó de coña.

 

Subidón en el backstage, abrazos, alegría, risas y saber que a nosotros pese a sus cositas, nos ha gustado mucho.

 

El comienzo de una nueva aventura, el comienzo de un nuevo nivel y haremos todo lo posible para que no nos pongan cara de almorrana.

 

Somos Pin y Pon.

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